Bellón vs. Ibáñez. Revista Fiat Lux
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Bellón vs Ibáñez: “Bellón no va de putas, las putas van a él”


 

Entrevista de Bellón a Ibáñez: “Bellón no va de putas, las putas van a él”.

 Bellón ha vuelto con ‘Canino’ y Bellón está ahora en Salamanca para dar cuenta de un rico Pata Negra que es el premio que le ha concedido Salamanca Negra por su novela‘Gatas Salvajes’, la tercera entrega de la serie Bellón y nominada también al Hammett de la próxima Semana Negra.

Dentro de ese marco tan ribeteado está la mercancía que te vendemos hoy. Sigue leyendo.

Bellón es el mejor personaje de Julián Ibáñez según confesión del propio Ibáñez. Bellón, cuyo ‘Diario de miel y cuchillo’  estamos publicando aquí…, Bellón es, por si no lo sabías (y no nos gustaría nada saber que no lo sabías), un buscavidas curtido en los bajos fondos, especializado en solucionar y crear problemas, con querencia a garitos y putiferios,y confite de una poli lesbiana.

Bueno, ¿y qué?…, te estarás preguntando. Sigue leyendo.

Bellón, Pedro Bellón, hizo un trabajito para la redacción de Fiat Lux que ahora recuperamos: entrevistar a su padre Julián Ibáñez.

Canino. Julián Ibáñez. 4.5

 

Bellón interroga a Ibáñez: “Bellón no va de putas, las putas van a él”.

 

Bellón: ¿Por qué Bellón, por qué ese nombre; conoces a alguno?

Ibáñez: No, no conozco ningún Bellón. Tu segundo apellido es Florín, pero prefiero Bellón, impone respeto.

 

B: ¿Y de nombre de pila soy…?

I: Pedro. Aunque de chaval te llamaban Petro.Al parecer tu madre se llamaba Petra, Petra la Pelona, creo, ¿no te acuerdas?

 

B:¿Qué alias me pegaría?

I: Maza, supongo, algo así. Conocía a un tipo que se apellidaba así, sólo eso porque cabía en un bolsillo.

 

B: ¿Cómo soy? Descríbeme físicamente, psíquicamente, emocionalmente, sentimentalmente…

I: Dios mío. Debes medir… no sé, hace mucho que no necesitas subirte a una banqueta. Tampoco sé cuánto pesas (sólo te he visto de lejos), supongo que estás en forma porque de vez en cuando trabajas de estibador en el mercado y siempre ganas cuando te peleas con un saco de cien kilos. Todo lo demás… uffff, no sé, no me aclaro, ¿de qué va? Si te gusta una tía pues te gusta y ya está, como a todos los tíos, menos a dos o tres que yo conozco y tú también.

 

B: ¿En quién te fijaste para hacerme?

I: Siempre tengo amigos que me sacan la cabeza y no usan gafas. Soy como Joyce con Hemingway en los bares de Paris, Joyce iniciaba la bronca y luego empujaba a Hemingway para que se pegara.

 

B: Si un actor tuviera que suplantarme ¿quién podría ser?

I: Robert Mitchum… Y quizás Lee Marvin.

 

B: ¿Yo soy tú?

I: No. ¡Qué más quisieras!

 

B: ¿Cuánto de ti soy?

I: No sé si llegarás al cinco por ciento, siendo generoso.

 

B: ¿Por qué me metes siempre en garitos y putiferios?

I: Siempre me ha atraído este mundo, no sólo en las novelas, sino también en la vida real. Yo, desde los siete a los catorce años jugaba a las chapas y a las bolas entre las piernas de las putas (que no llevaban bragas, por cierto. Esa es otra historia). Porque son personas en el filo de la navaja. Es ese cinco por ciento al que antes me refería, recuerdo de mis tiempos en los que viví a contrapelo.

 

B: ¿Tu hacías, haces, has hecho, esas cosas?

I: No exactamente (mido sólo uno setenta y soy un cegato). Me he ganado la vida descargando camiones en París, en las subastas de pieles en Estocolmo, de lavaplatos en Londres, etc. Hubiera preferido ganármela echándole una mano a las putas de cualquier parte, o, mejor, con una beca para Cambridge.

 

B: ¿Cuál es mi oficio, que no me acuerdo?

I: ¿Oficio? Para qué coño quieres un oficio. No seas mariquita.

 

B: ¿De pequeño, qué quería ser de mayor?

I: De pequeño estabas demasiado ocupado para pensar en esas cosas. Siempre estabas buscando pasta para alimentar tus pequeños vicios… un bocadillo de mortadela, por ejemplo.

 

B: ¿No me hubiera gustado ser madero?

I: Cierra la botella, te está sentando mal. Madero es un coñazo. No pagan lo suficiente para lo que te aburres. Y siempre en pareja…, y si te toca con una choni, todavía, lo malo es que tu compañero sea un tío con problemas de identidad.

 

B: ¡¿Qué pasa, es que disparo mal?!

I: Todos los maderos disparan mal, si dispararan bien le llevarían la pistola a Correa, Rato, etc.

 

B: ¿Por qué siempre tengo líos de diversa índole con la policía?

I: Con los polis no, son unos mandaos. Sí con los que están detrás de los polis, los que tienen la pasta y no la quieren soltar. Estás aprendiendo a ir directamente al grano.

 

B: Dime, ¿mi relación con la poli esa que tú sabes acabará en algo?

I: Acaricio la idea. La paja que le hiciste le gustó (lo sé). Cualquier día repetirás, prepárate, entonces lo harás (haremos) todavía mejor… Hasta que te invite a instalarte en su casa (igual prefiere el chuzo en vez de la mano).

 

B: ¿Por qué me llevas tanto a pueblos raros que nunca son noticia y muchos ni conocen?

I: En los pueblos raros ocurren muchas cosas raras. Y resultan más intensas. En las grandes ciudades pasan cosas raras continuamente, por lo que ya no son raras.

 

B: Un par de dudas, tengo muy mala cabeza: ¿cómo era mi barrio y cómo era mi basca?

I: Tu barrio es una ciudad dormitorio cerca de una gran urbe. Pasas desapercibidos porque en estos barrios todo el mundo tiene más o menos la misma edad, la misma pasta, y casi el mismo sexo. Colegas no tienes, sólo conocidos. No te gusta que nadie te hable con la mano apoyada en tu hombro.

 

B: ¿Y qué es lo que más me gusta de las pibas y con las pibas?

I: Las mujeres te gustan todas, y no necesariamente para partirlas por la mitad. Te gusta tu amiga la poli aunque sea tortillera (o por eso mismo), te gustan las putas inocentes y las que están de vueltas de todo. Incluso te gustan las tías esas con rulos y bata guateada que lo bordan con la tortilla de patatas…

 

B: ¿”Todas las mujeres son peligrosas”?

I: Para los tíos, por supuesto. ¿Cuántas guerras ha habido por culpa de una choni? En los libros salen unas cuantas. Todas guerras justificadas.

 

B: Julián, tienes que saberlo: me pasé con las copas y apenas he maldormido. Y tengo muy mala cabeza, ya te dije antes… ¿Serías tan amable de recordarme mi aventura de Las Gatas?

I: Trata de una pájara rumana que te gustaba bastante. Te contrató para echarle una mano. La cosa se puso chunga y metiste la gamba. Aunque no estoy seguro.  No pienses en ello. El viento se la llevó, con su recuerdo.

Julián Ibáñez. Revista Fiat Lux. 2016 (2)

 

B: Después de esa de Las Gatas… he tenido por lo menos otras dos aventuras más. ¿Me recuerdas de qué van y cómo se llaman?

I: La siguiente, acaba de publicarse, se llama “Canino”. Te gustará bastante. Encontrarás a una choni en un sitio que no viene a cuento, una choni de muchos quilates, quiero decir que te viene grande (como casi siempre). La otra se llama “Violentamente Pelirroja”, la choni aquí es pelirroja natural, con sus pecas y todo, y no es puta ni nada de eso,  es casi una señora. La historia está en ese “casi”.

 

B: Ya que estamos de libros… ¿cuál me prestarías, qué libro me aconsejas que lea de los que tienes en tu biblioteca?

I: A ti te iría bien “Cosecha Roja”. El protagonista ni siquiera tiene nombre, eso te gustará. Pero es un tío listo que se maneja de cine y eso que es bajo y gordo. Te caerá muy bien. Luego “El Sueño Eterno”. El protagonista aquí es un listillo. Muy vacilón, te gustará escucharle, querrás meter baza pero te callarás porque comprenderás que no estás a su altura. Luego “Vida de Santa Teresa”, una choni que le daba a la burundanga, aquello que tú vendías por los bares de alterne en botellines de mini bar. Y la hicieron santa, jódete.

 

B: Oye, por cierto… ¿si voy a un festival de novela negra de esos a los que tú vas, qué hago, qué se hace, qué plan me recomiendas?

I: Me pones en un aprieto, tengo que ponerlos bien que sino no me invitan. Aunque son un rollo. No del todo: ves a colegas, intercambias chascarrillos, difamas a los editores… y los guaperas ligan con las azafatas. Pero tienes que participar en mesas redondas en las que se raja sobre cuestiones de las que nadie tiene ni idea.

 

B: Ya que estamos intimando…, llévame de viaje. ¿Dónde vamos, dónde me llevas…?

I: Iríamos a Francia, pero no sabes francés y no te comerías una rosca. Vamos a conformarnos con Guadalajara. Ah, no, en “Canino” apareces en un pueblo de Palencia, y no tienes ni idea de por qué has ido a parar allí.

 

B: Ponme una canción, tu canción…

I: Cualquiera de Machín.

 

B: ¿A mí qué música me gusta?

I: Machín. Boleros. La música fina se enreda en los pelos de tus orejas.

 

B: Invítame a comer, anda… Yo voy a pedir lo mismo que tú..: ¿qué comemos?

I: Tú no comes, engulles, y si tienes mucha hambre devoras. No te fijas en lo que comes. Si en tu bolsillo hay uno de veinte te sientas en un restaurante de manteles de papel y pides el menú del día. Lo engulles sin enterarte de lo que te metes en la boca.

 

B: ¿Y qué bebemos?

I: Tampoco bebes, tragas. Es algo mecánico, siempre cerveza. A partir de las once de la noche, lo que ahora estás bebiendo, DYC solo. Ahora caigo, son tus únicas bebidas. Hace mucho que no has bebido agua. No quieres que te pase como al padre de un conocido, que sólo bebió clarete en toda su vida, el médico le recetó unas pastillas, se las tragó con agua y las palmó al instante.

 

B: ¿Después nos vamos a bailar?

I: ¿Tú y yo? Ah, comprendo, en plan colegas pasándonos el brazo por los hombros: “Que si bailáis”. Me gusta ir solo, no me gusta repartir.

 

B: Pídete unas copas… ¿Qué tomamos?

I: Tú DYC solo. Yo lo que quiera, porque soy el que manda. Hace años te dio por tomar Pipermín. Porque era lo que tomaban las chicas. Un tipo te dijo que era de maricas… y te rompiste la muñeca. Desde entonces le das al DYC.

 

B: ¿Terminaremos la fiesta yendo de putas? ¿A qué garito?

I: Tú no vas de putas, las putas van a  ti. Nunca has pagado. Te gustan más esas tías entre los cuarenta y los cincuenta que buscan protección, las proteges poniéndose encima de ellas… y luego, de propina, encuentras uno de cincuenta en tu bolsillo. Con las putas lo más fácil es que el de cinco que llevas en el bolsillo desaparezca.

 

B: ¿Fumas, me das un cigarro?

I: Que yo fume o deje de fumar es igual,  para ti soy un personaje de ficción. Tú fumas Ducados Especial. Hay pocos tíos a los que les ofrezcas la cajetilla.Aunque yo sea ficción te daré un pito ya que te toca pagar las copas.

 

B: Ibáñez, llegados a este punto, sincérate. Ahora soy yo, Bellón, pero antes fueron otros. ¿Qué les pasó, qué les hiciste?

I: Eras tú, también. Pero tenías que disimular.Vas a cumplir cuarenta y cinco, creo, y ya te da igual cómo te llames. Una vez te llamabas por tu segundo apellido, Florín, y había cierto cachondeo. Para tu negocio es mejor pasar desapercibido, pero lanzando pequeños destellos, así que: Bellón.

 

B: ¿A mi cómo me matarás?

I: ¿Matarte? A lo mejor me matas tú a mí. A lo mejor eres tú quien me ha inventado. Yo ya no me aclaro. Luego te entrevisto yo a ti.

 

B: ¿Y a mí dónde me entierras, hermano?

I: Si me tocara enterrarte… no, no me camela, me gusta más eso de incinerar. Tampoco, te desintegraría en pequeñas partículas que serían absorbidas por otros personajes, esos tipos que apoyan el codo en la barra de un bar y piden de beber con la mirada en la televisión pero sin verla…

 

B: Y tú que me conoces bien, o eso espero, dime: ¿qué pienso de Julián Ibáñez o qué crees que pienso de Julián Ibáñez?

I: ¿Lo que piensas tú? ¿de Ibáñez? Un jodido paliza todo el día detrás de mí oliéndome el culo. Quiero encontrármelo para darle un capón. Pero es un tío escurridizo, y muy astuto, un par de veces me lo he encontrado y ha apagado el ordenador dejándome con la mano levantada.

 

B: ¿Echamos un “Giley”“Entre trago y trago” y “Que siga el baile”, o “El baile ha terminado”“Siboney”?

I: Los viejos tiempos. Ahora sólo juegas al parchís y lo vas a dejar por eso de la taquicardia.

 

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