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Llorente y Escribano, ¿cómo leen?

Los dos son están escribiendo nuevas, buenas y sorprendentes novelas. En su línea, vamos.

Los dos están siendo, y van a ser, finalistas en varios de los principales premios a la mejor novela negra de 2016 con Madrid: frontera y Manguis.

Los dos son miembros fundadores de esta cofradía del Black & Noir, y aquí ofician e imparten doctrina en diversos y variados púlpitos.

Llorente y Escribano. Les leemos. Pero, ¿ellos cómo leen?

Segunda entrega de la serie Fiat Lux ‘¿Cómo leen novela negra lo escritores de novela negra?’.

David Llorente y Paco Gómez Escribano.

 

– ¿Qué buscas en una novela negra?

Llorente: Quiero que la novela negra me hable de las miserias de la sociedad y de la podredumbre del ser humano, o de las miserias del ser humano y de la podredumbre de la sociedad.

No me importa el policía.

Ni la víctima.

Ni la investigación.

Ni el autor.

Escribano: Busco intensidad, frases contundentes, personajes bien retratados con personalidad marcada, todo ello en un ambiente hostil y que generalmente es susceptible de ser cambiado por la historia. O no.

 

– ¿Cuándo la lees?

Llorente: Cada mucho tiempo. Cada cinco o seis novelas que no son negras.

Escribano: Por las mañanas antes de entrar a currar. Estoy allí una hora antes para tener mi ración de lectura, café y churros. También por las tardes y sobre todo en fin de semana. En verano ya me pierdo, es un vicio.

 

– ¿Dónde?

Llorente: Acostumbro a leer en los bares. También en las horas muertas del trabajo (poco) y en casa (menos).

Y por supuesto en el transporte público, mientras como en un restaurante, en las salas de espera de lo que sea que haya que esperar, antes de que empiece la película, la obra de teatro, la clase…

Escribano: En cafeterías y bares. También en casa. Y cuando hace buen tiempo, en bancos públicos. En el barrio tengo controlados hasta los bancos que tienen farola, para cuando anochece.

¿De qué te acompañas?

Llorente: De nada. De un café, si estoy en un bar.

Escribano: Generalmente de un café con leche. En verano, por las noches, suelo pillarme una cerveza en el chino y me la llevo al banco con farola. La bebo pausadamente, eso sí, la camuflo en una bolsa. Ahí no solamente leo, sino que estoy al loro por si vienen los guardias. Ahora multan. Lo que nos quedará por ver…

– ¿Cómo la lees, en qué te fijas especialmente (diálogos, personajes, ambientación, trama, el arranque…)?

Llorente: Me fijo en la estructura. Me gusta ver cómo el autor ha ido construyendo el edificio. Los muros de carga y las paredes de cartón-piedra. Los cimientos y las tuberías que gotean. Si es un rascacielos o es una cabaña con el techo de paja. Los materiales de construcción (acero o madera con carcoma). Y subir hasta el último piso o apartarme antes de que se derrumbe.

Escribano: Soy muy admirador de la tradición americana, particularmente del Hard Boiled, así que me gusta mucho la ambientación, pero no es lo único. A veces también apetece una buena trama, aunque no es imprescindible. Es difícil encontrar una novela que tenga todos los ingredientes. Me encanta la ambientación de Julián Ibáñez. Si quiero un buen arranque elijo a Montero Glez o a Pérez Merinero. Si lo que me apetecen son diálogos, nadie como George V. Higgins. Pero siempre en la tradición que nos legaron Chandler, Hammett y Burnett. No me interesa nada la novela enigma ni los asesinatos sofisticados con detectives listos listísimos.

– ¿Qué buscas en los personajes?

Llorente: No busco nada a priori, pero quiero que estén de pie con el menor número de palabras posible.

Escribano: Originalidad dentro de la tradición. Que no me den un policía felizmente casado que come fabada asturiana con Nestea o a un metrosexual vegano, porque entonces tiro la novela contra la pared. A mí me gustan los personajes que luchan no solo contra su antagonista, sino contra sí mismos. no todos tienen que ser Marlowe. Ahí está ese Spud de Trainspotting, o ese Holden Caulfield que creó Salinger o ese inolvidable Ignatius Reilly de Toole. En general me gustan los perdedores perseverantes.

 

– ¿Y en el protagonista?

Llorente: En los personajes más importantes me gusta encontrar la angustia existencial. El comportamiento de quien sabe que estamos aquí para morir y que la vida no es que no tenga sentido, es que ni siquiera tiene justificación.

Escribano: El protagonista tiene que ser un tipo, o una tipa, da igual, que haga cosas, que se meta en líos y resuelva entuertos, que se juegue la vida por algo en lo que cree, que generalmente suele ser distinto de lo que creen los demás.

– ¿Y en los secundarios?

Llorente: Es que no creo en personajes protagonistas y secundarios. Eso es una intoxicación de los premios cinematográficos.

En una novela, un personaje secundario es un personaje que el autor tiene que eliminar urgentemente.

Escribano: Los secundarios son como el coro de un cantante solista. Todos ellos tienen que estar afinados. Su rol de secundarios pueden ser la causa de que la novela sea buena o de que sea una ruina. Tienen un papel más importante de lo que a veces se les otorga.

– ¿Qué buscas en los diálogos?

Llorente: No quiero diálogos. Para mí, la novela es narración. La voz de los personajes estarán integrados en esa narración y solamente se oirán las frases (dos, tres) imprescindibles de la conversación.

Supongo que eso es lo que busco.

Escribano: Contundencia. Mataría por escribir diálogos como Higgins, a quien ya cité antes. Tarantino se inspiró en esos diálogos para hacer sus películas. Es único.

– ¿Qué buscas en la ambientación, el/los escenario/s?

Llorente: Que no esté creada a partir de la descripción, sino de la narración. Hace mucho tiempo que se demostró que la descripción no sirve absolutamente para nada. Las técnicas narrativas evolucionan. Hoy en día, La montaña mágica o Crimen y castigo no tendrían más de 200 páginas.

Escribano: Atmósferas pesadas en las que los personajes y el lector tengan dificultad para respirar.

– ¿Qué buscas en la estructura?

Llorente: La estructura es la arquitectura. Busco solidez y elegancia.

Escribano: No me interesa mucho la estructura. Una historia puede ser contada de muchas formas, todas ellas válidas.

– ¿Subrayas / Pones papelitos?

Llorente: No. Si la novela me gusta, la leeré varias veces. Lo que seguro que no leeré (por mucho que me guste la novela) son los papelitos que escriba. Y no se me ocurre en qué momento abriría un libro para ir a buscar un subrayado, a no ser que esté haciendo un estudio del texto, claro.

Escribano: Ni de coña.

– ¿Tomas notas?

Llorente: No. Si algo me sorprende o me gusta, se me queda en la memoria, no se me olvida.

Escribano: Tomo nota mentalmente de todo.

– ¿Recoges frases, giros…?

Llorente: Lo mismo. Si me gustan, se me quedan.

Escribano: Por supuesto, esas frases o giros enriquecen la novela. Para eso Chandler era único.

– ¿Interactúas? (descubriendo el desenlace, “esto yo lo hubiera escrito así”, …).

Llorente: De hecho hay que leer aquellas novelas en las que tengas que interactuar, en las que tengas que ir de la mano del autor para sacar la historia adelante. Eso es interactuar.

Es cierto que leo como lector y como escritor, pero jamás me imagino suplantando al autor de una historia que no es mía.

Escribano: Desgraciadamente. Desde que escribo es inevitable. Antes no me pasaba. De todas formas, cuando leo intento quitarme la careta de escritor. Pero a veces no es posible.

-Si no te gusta, ¿en qué momento dices basta?

Llorente: Si no me gusta, no me gusta desde el principio y no sigo adelante.

Puedo dejar una novela en el momento en que deja de interesarme, cuando me da igual lo que les pase a los personajes.

Escribano: Entre las páginas 20 a 40. No se puede perder el tiempo, hay mucho que leer.

-Cuando no te gusta, ¿por qué suele ser?

Llorente: Me aburre. No me interesa lo que cuenta. Está mal escrita (traducida).

Escribano: Pueden ser varios los motivos. O bien no me lo creo o la historia está tan mal contada que aburre hasta las ovejas. Hay autores capaces de escribir trescientas páginas sin que ocurra nada. Son ellos quienes suelen ganar el Premio Nobel. Pero a mí me aburren, me deprimen.

– ¿Tus autores de cabecera?

Llorente: Mis autores de cabecera no son de novela negra. Creo que eso es muy bueno para escribir novela negra porque sacas la cabeza de las estructuras convencionales y bebes en otras fuentes bastante más frescas.

Ismail Kadaré, Imre Kertez, Amos Oz, Sandor Marai, Kenzaburo Oé, Peter Hanke, Jukio Mishima, Wislawa Symborzka, Darío Fo, Jaroslav Fuks, Houllebecq, Herta Müller, Cormac McCarthy, Roth, Foster Wallace

Camilo José Cela, Fernando Arrabal, Juan Goytisolo, Miguel Delibes, Pepe Hierro, Francisco Nieva.

Escribano: Ya he citado a varios. A ver, de los guiris: Chandler, Hammett, Burnett, Robert B. Parker, Donald Westlake-Richard Stark, Jim Thompson, James M. Caine, Hadley Chase, Ellroy, Higgins, Dennis Lehane, Irvine Welsh, Antonio Manzini y, por supuesto, Charles Bukowski. Y de los patrios: Julián Ibáñez, Juan Madrid, Andreu Martín, Miguel Agustí, González Ledesma, Carlos Pérez Merinero, Alexis Ravelo, Carlos Salem, Óscar Urra, Saez Carral, Montero Glez, Jorge Díaz…

– ¿Tus títulos de cabecera?

Llorente: El palacio de los sueños. De repente en lo profundo del bosque. La presa. Fahrenheit 451. El señor de las moscas. Reivindicación del conde Don Julián, San Camilo 1936, Mujer de rojo sobre fondo gris, Pelo de tormenta.

Escribano: Parker, Cosecha Roja, La senda del perdedor, La rata en llamas, Vivir de noche, Prótesis, La jungla de asfalto, Trainspotting, Entre trago y trago, Las calles de nuestros padres, Un beso de amigo, La mano armada. La estrategia del pequinés, …

– ¿Hubo una novela negra que te enseñó, que te sirvió casi de manual?

Llorente: Lo contrario de una novela es un manual.

No.

Toda lectura suma.

Escribano: Prótesis, de Andreu Martín.

-Cuál es la novela que consideras la madre de todas las novelas negras, “la biblia del género”?

Llorente: Eso no existe.

Escribano: Es muy difícil contestar a esta pregunta. Cualquiera de las que he citado antes podría valer.

*Banda sonora, canciones que suenan en Madrid: frontera  y en Manguis.

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