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Santo Piazzese. La novela entrevista a su autor

“Prefiero el pecado al crimen”.

 

Santo Piazzese es palermitano de diciembre del 48 (¿o es del 49?):

“En aquella época, los nacidos en ciudades costeras en el último cuatrimestre del año estaban destinados a un largo servicio militar en la Marina, y mi padre quiso evitármelo”.

 

Santo Piazzese es biólogo:

“¿Plantas?: Plumeria, Chumbera (Opuntia ficus-indica) y Buganvilla. ¿Flores?: Plumeria, jazmín y rosa. ¿Árboles?: Olivo, algarrobo y Washingtonia robusta”.

 

Santo Piazzese es escritor:

“La escritura es la continuación lógica del hecho de haber sido siempre un gran lector”.

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¿Los cinco libros de su vida?

“The Catcher in the Rye, (El guardián entre el Centeno) de J. D. Salinger; Lord Jim, de Joseph Conrad; Teresa Batista cansada de guerra, de Jorge Amado; The Grapes of Wrath, (Las uvas de la ira) de John Steinbeck; y El Maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov”.

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¿Sus cinco novelas negras de cabecera?

“The big sleep, (El sueño eterno) de Raymond Chandler; The Long Good-bye (El largo adios), de Raymond Chandler; L’abonné de la ligne U (El abonado de la línea U) de Claude Aveline; L’Homme qui regardait passer les trains (El hombre que veía pasar trenes), de George Simenon; y Minotauro, de Benjamin Tammuz”.

 

Santo Piazzese acaba de publicar en España Asesinato en el jardín botánico, escrita hace veinte años.

NOTA 1: Santo Piazzese es un melómano absoluto y la (su) novela que aquí le entrevista, Asesinato en el jardín botánico, está llena de canciones. Aquí está la banda sonora y puedes escucharla mientras lees esto, o leerlo primero y después, a la par que lees la novela, escuchar sus canciones. Tú eliges, aquí se come a la carta y pagamos nosotros.

NOTA 2: nuestro agradecimiento a Ángeles Junquera que ha traducido del italiano esta entrevista a Santos Piazzese.

NOTA 3: los entrecomillados en negrita a modo de pregunta son frases o párrafos textuales de Asesinato en el jardín botánico.

 

Santo Piazzese.

La novela, Asesinato en el jardín botánico, entrevista a su autor.

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“Una historia bien ordenada debe comenzar por el nacimiento del protagonista…”.

Nací en Palermo, y tengo dos fechas de nacimiento: la “auténtica”, que es el 21 de diciembre de 1948, y la “oficial”, la que figura en mi documentación, y que es el 2 de enero de 1949. La culpa fue de mi padre, que no comunicó mi nacimiento al Estado italiano hasta ese día. En aquella época, los nacidos en ciudades costeras en el último cuatrimestre del año estaban destinados a un largo servicio militar en la Marina, y mi padre quiso evitármelo. Así que, no hice el servicio militar en ningún Cuerpo. Con semejante premisa, sólo podía escribir novela negra.

Soy biólogo, y hasta 2010 trabajé en la Universidad de Palermo, en varios ámbitos de la biología molecular. Para mí, la escritura es la continuación lógica del hecho de haber sido siempre un gran lector. Cuando apenas conocía el alfabeto, ya intentaba descifrar qué ponía en las cajas de Aspirina (lo que podría explicar mi resistencia a los resfriados).

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“Soy el rey de las plumas sedentarias…”.

Mi protagonista, Lorenzo La Marca, prefiere el contacto directo con las personas a la correspondencia o las conversaciones telefónicas; mirarlas directamente a los ojos y captar sus reacciones y su estado de ánimo del momento. Yo también lo prefiero, aunque debo admitir que las nuevas tecnologías de la comunicación ayudan a veces a evitar situaciones potencialmente desagradables.

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“Exsesentayochista culto, inteligente, refinado, irónico y consciente. Oscuro como un demonio, lo digo para vuestra información…”.

La oscuridad se refiere al color del pelo, no al del alma. Es un pequeño autorretrato autocrítico. Lorenzo añade que cuando la luz incide de una manera determinada, casi lo hace parecer guapo., lo que demuestra que no existe identificación entre el autor y el personaje: yo, a diferencia de Lorenzo, llevo toda la vida buscando esa luz, pero aún no la he encontrado. Sin embargo, tenemos un perfil psicológico casi coincidente

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“Meteorópata terminal…”.

El estado de ánimo de mi protagonista está extremadamente influenciado por el tiempo atmosférico, es un “meteorópata terminal”. Yo también lo soy, pero en menor medida.

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“Palermo, que todo lo tritura, lo absorbe, lo metaboliza…”.

Palermo es una ciudad que a lo largo de sus casi 3.000 años de historia ha sufrido de todo. Fue tierra conquistada por las potencias de otros tiempos, y la gente de la ciudad tuvo que adaptarse para sobrevivir; y adaptarse quiere decir que tuvieron que metabolizar los acontecimientos y tratar de cambiar la realidad día tras día, asimilándola a la de los invasores. Un efecto visible es la arquitectura de la ciudad, resultado de la fusión de estilos que crean estilos nuevos, y un ejemplo es el itinerario árabe-normando, un estilo propio que tuvo en Palermo su máximo esplendor, hasta el punto de ser declarada en 2016 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

En épocas más recientes, la ciudad ha sufrido ataques de la Mafia en los que han sido asesinados el prefecto, el Presidente de la región autónoma Siciliana, un ex alcalde, jueces y fiscales, el jefe de la brigada motorizada, policías, empresarios, periodistas incómodos, forenses que no se doblegaron, el secretario regional del principal partido de la oposición y el provincial del partido de gobierno, un europarlamentario, sindicalistas, dirigentes regionales y hasta un cura desarmado que intentaba sacar de la mafia a los chavales de un barrio con alta densidad mafiosa.

Y a pesar de sus contradicciones, a pesar de haber desarrollado una forma extrema de desencanto, a pesar de la mafia, que aunque debilitada aún no ha desparecido definitivamente, Palermo no se doblega, y hoy es una metrópoli multicultural, una ciudad de acogida y tolerancia, que en 2018 será la Capital italiana de la Cultura.

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Fiat Lux: ¿A qué suena Palermo?

A las voces de los vendedores de los mercados históricos de la ciudad: el Capo, Ballaró, la Vucciria, Borgo Vecchio… todos, en su mayoría, mercados de alimentación. En siciliano, los gritos de los vendedores se llaman abbanniate y la cadencia musical es idéntica a la llamada de los muaddin desde lo alto del minarete: un legado de la dominación árabe (que, sobre todo, fue bereber). Otras veces, el sonido que se impone es el de los pitidos de los atascos de tráfico, pero, por fortuna, éste se va reduciendo gracias a la peatonalización progresiva de una extensa zona del centro histórico. Aunque, por otro lado, se ha multiplicado el sonido de las sirenas de los grandes cruceros llamando a los pasajeros que aún no han regresado a bordo

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Fiat Lux: ¿A qué huele Palermo?

Al perfume de la comida callejera en los mercados históricos, al del café molido y al de la canela de los pasteles, al perfume de las algas varadas en el arenal de Mondello después de las tormentas y el de la Datura suaveolens en algunos parquecillos; y a la fragancia de las muchachas al final de la primavera, por las calles del centro, aunque este último aroma podría ser tan sólo la ilusión olfativa de alguien que fue joven.

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Fiat Lux: ¿A qué sabe Palermo?

Palermo es una de las principales capitales de comida callejera. Según Forbes, se sitúa inmediatamente después de Bangkok, Singapur, Penang y Marrakesh. Para mí tiene el sabor del pan recién horneado, acompañado de una bolsa de aceitunas y consumido mientras se cuelga en el zoco de los mercados históricos

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“Tal vez un día flojo en la capital del delito…”.

En los años anteriores a escribir mi novela, en Palermo habría alrededor de 120-125 asesinatos al año, casi todos de carácter mafioso, mafiosos que mataban a otros mafiosos por el control del territorio. Muchos desparecieron en silencio, mediante un procedimiento que en lenguaje periodístico se llamó de “escopeta blanca” porque, no apareciendo el cuerpo, no aparece tampoco el rojo de la sangre. La escopeta es la tradicional de calibre 12, de perdigones. Una vez establecida una especie de “pax” mafiosa entre las bandas, aumentó la incidencia contra enemigos externos. En aquellos años, se hablaba de Palermo como la capital del crimen. Hoy, afortunadamente, ya no es así. Desde mediados de los 90, la mafia ha renunciado a la parte militarista de su estrategia y espera camuflada tiempos mejores. Sólo surgen algunos delitos que podríamos llamar “normales”, “fisiológicos”, similares a los que se cometen en todas las ciudades del mundo. Como si sobre nuestras cabezas pendiera un mal persistente y encriptado que a veces tiene la necesidad de salir, sea cual sea su origen.

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“Palabra de siete letras que todo siciliano que se precie balbucea, grita, susurra y eufemiza más de cien veces al día…”.

¡Minchia! (NdT: ¡Joder!)

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“Los crímenes de la mafia son casi todos iguales. Están los que ordenan, los que matan, las emboscadas… Los crímenes de verdad son otra cosa…”.

Sobre la mafia creo que ya he respondido en otras preguntas. En cuanto al crimen, en la literatura mi preferencia es un asesinato, siempre y cuando sea lo suficientemente misterioso… así justifica la existencia de las novelas negras. En la vida real, prefiero el pecado al crimen, cuando el pecado no sea un delito, por supuesto.

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“Todavía hoy, con un poco de práctica, no resulta difícil reconocer las narcoliras…”.

Cuando escribí mi primera novela, aún había liras… la narcolira, en jerga periodística, era el dinero obtenido con el tráfico de estupefacientes… hoy hablaríamos de narcoeuros

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“Muchos cerebros y ni una sola pistola…”.

Es el vuelco irónico de una broma de la película The big sleep (El sueño eterno): “tantas pistolas en la ciudad y tan pocos cerebros”. La pronuncia Bogart en su papel de Philip Marlow. Es la mano de William Faulkner, que participó en el guion, la broma de un Nobel. Lorenzo hace la broma mientras se encuentra en la Universidad, en teoría, el lugar de cerebros elegidos. Pero él lo duda, porque el desencanto es uno de los filtros a través del cual Lorenzo observa la realidad. Y el desencanto es, tal vez, uno de los componentes principales de la ironía; eso nunca degenera en cinismo.

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“Me dirigí a mi cita con el asesino. En realidad él ignoraba que la tenía. La nuestra era una cita unilateral…”.

Yo nunca mataría con premeditación. Podría cometer un delito de forma impetuosa, con un objeto contundente, tal vez, con una manual de informática.

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“Hubo un momento de silencio. Un silencio receloso y elusivo. Un silencio de acechanzas…”.

No todos los silencios son iguales. La multiplicidad del silencio es muy parecida a la multiplicidad de la palabra. Hay silencio incómodo, avergonzado, cauteloso, tentativo, tenso, un silencio que promete, reticente, elocuente, largo, corto, fuerte, arrogante, digno … En Sicilia, el silencio es tan importante como la palabra. A veces, más importante. Tenemos un dicho: el hombre es dueño de la palabra … que no dice; pero es esclavo de la palabra pronunciada, que se refiere a la obligación moral de cumplir con la palabra. Sin embargo, en Sicilia existe una forma de degeneración del silencio que se llama omertà, una ley del silencio que es una de las bases sobre las que se asienta el poder de la mafia. Como escritor, estoy obligado a creer en el poder de las palabras, con algún oasis de silencio reparador… El silencio, a veces, puede ser la respuesta más inteligente a una pregunta estúpida. Pero quizás no hay preguntas tontas, sólo respuestas estúpidas.

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“Al final, las noticias acaban por ser mucho más antiguas que la basura…”.

Basura fresca, noticias antiguas; es el destino de la actualidad informativa. Dura lo que dura una mañana; y ahora, con la web, menos aún. Parece un discreto cambio de roles con un toque alegórico. Y de ironía, por supuesto, porque también existen las informaciones basura.

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“La huida es vergüenza, pero también salvación de la vida…”.

No, no es tiempo de huida. Es tiempo de nervios de acero, de racionalidad, de testimonio, en especial para los intelectuales. No es una casualidad que entre los objetivos principales, no sólo de Trump sino de todos aquéllos que definimos como populistas, estén los “radicales chic”, que ni a mí me gustan. Pero lo opuesto a un “radical chic” es un patán reaccionario. Y conocemos a muchos. ¿Estamos seguro de que esos son mejores?

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“Vittorio es siempre tan previsible como el final de un blues…”.

West end blues, en la version de Clarence Williams & Katherine Henderson.

Stormy Blues, en la versión de Billie Holiday.

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“El jazz es otra de mis manías. Como toda la música si a eso vamos…”.

Like a rolling stone, la versión de Dylan (la primera, aquélla de 1965).

Il cielo in una stanza, versión de Gino Paoli.

Rimmel, versión de Francesco De Gregori.

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“Muchos acontecimientos de mi vida, y también muchos no acontecimientos, están marcados por una banda sonora interna…”.

Mi banda sonora, la banda sonora de mi vida, cambia con el tiempo, atmosférico y cronológico, con el estado de ánimo, con los acontecimientos externos, con las cosas que hago. Prevalece el blues, porque tengo un carácter dado a la melancolía, que muy diferente a la tristeza. La melancolía es una degeneración, un estado de ánimo que no me resulta agradable, pero a veces me gusta reconfortarme en ella. El blues lo alterno con tangos de Piazzola, como “Adiós Nonino” o “Pequeña canción para Matilde”, y también con otras variedades de música, de todos los géneros, en especial cuando voy conduciendo: Bach (la Variazioni Goldberg, le Suites per violoncello), Vivaldi, Pergolesi (Stabat Mater).

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“Nunca hay que fiarse de los profesores, para eso están los libros. Y usted me ha demostrado que no ha ojeado un libro ni para echarse aire durante el siroco…”.

Para mí, un libro es el equivalente a la mantita de Linus (el amigo de Charlie Brown, el personaje de Schultz). Ni en sueños me iría de viaje sin ella. Pero a diferencia de Linus, mi relación de dependencia con los libros no es patológica. Es, de vez en cuando, el puro placer de la lectura, el interés, la curiosidad, el deseo de conocer, de establecer contacto con mundos ajenos o familiares. En el mejor de los casos, una ventana abierta hacia el interior, hacia mí mismo; en el peor, aburrimiento, irritación, decepción.

Con los libros tiendo a ser omnívoro, leo de todo, preferentemente novela, no necesariamente negra. Algunos libros que leí en periodos de transición, por ejemplo entre la infancia y la adolescencia, entre la adolescencia y la juventud, y entre la juventud y la madurez, me han marcado, y han jugado un papel no tan secundario en convertirme en la persona que soy ahora. Y al igual que otros eventos existenciales, también han influido en mi forma de escribir. Creo que resulta inevitable para todos los escritores, es un mecanismo que Hemingway ya explicó en una entrevista publicada en Italia a título póstumo como “El principio del iceberg”. Hemingway recuerda que la parte que emerge de un iceberg viene a ser la décima parte de lo que está sumergido. Para un escritor, la parte sumergida es la totalidad de las experiencias de su vida: las personas que ha conocido, las que ha amado, la comida que ha ingerido, las películas que ha visto, la música escuchada, los libros leídos… la parte emergente de todo esto es la novela

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“No tengo ni una chimenea en la que quemar las obras de Vázquez Montalbán…”.

Declaro que (de) Pepe Carvalho sólo (se) quema (n) obras de gran valor. Así es el comentario de Lorenzo en mi pequeño homenaje a Vázquez Montalbán. Y aquí están las tres novelas de Vázquez Montalbán: Asesinato en el Comité Central, Quinteto de Buenos Aires y El delantero centro fue asesinado al atardecer.

Si el sentido de la pregunta se extiende a la literatura universal, he de reconocer que hay varios libros que reconozco como obras maestras, pero nunca logré terminar de leer: Memorias de Adriano, La Búsqueda, Los hermanos Karamazov. A cambio, literalmente devoré el Ulises de Joyce.

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“A veces me lanzo a interpretaciones tan personales como amorales de la cocina mediterránea. Recetas con mucho pepe y poco Carvalho…”.

Una receta simple, un clásico de la cocina mediterránea: spaghetti con ajo, aceite y pimiento picante.

Se pone al fuego la cazuela con agua para cocinar spaghetti. Cuando empiece a hervir, añadir la sal y echar los espaguetis. Mientras se cocina la pasta, se pelan unos dientes de ajo fresco (mejor que no sea chino, lo ideal sería ajo rojo de Nubia, cerca de Trapani), y se empieza a cocinar a fuego lento junto con el pimiento (de Calabria, preferiblemente fresco) en una sartén con aceite de oliva virgen extra, después de haber aplastado los dientes bien contra el fondo de la sartén con una cuchara de madera. En esta fase, se extraen las sustancias solubles en grasa. Cuando el ajo está simplemente dorado, se añade un poco del agua de cocer los spaghetti y se deja hervir todavía un par de minutos. En esta fase se extraen del ajo las sustancias solubles en agua. Después, retiramos los dientes de ajo, echamos los spaghetti en la sartén, con el fuego apagado, añadimos perejil y ajo crudo finamente picado –después de haberle quitado el brote (corazón) verde- y mezclamos bien.

Tres fases distintas en la vida de un par de dientes de ajo. El máximo de lujuria. Yo los llamo “spaghetti termodinámica”, precisamente por las tres etapas distintas de la extracción de sustancias aromáticas de ajo. El toque final (aunque no es obligatorio) es lo que se llama en Sicilia atturrata muddrica: migas de pan (sólo de trigo duro) tostadas y aromatizadas con especias variadas y aceite de oliva virgen extra, que se extiende sobre los espaguetis. No explico el procedimiento, porque la primera vez que se hace es necesario estar asistido por alguien que sepa cómo hacerlo. Como alternativa, es bueno el pecorino rallado. Pero no el parmesano, prohibido.

El menú. Como aperitivo, una ensalada de naranjas, cebolletas, arenque ahumado e hinojo. Todo en taquitos, aderezado con aceite de oliva virgen extra y pimienta recién molida.

A continuación, Rigatoni alla Norma (en honor a Vincenzo Bellini, que se volvió loco): rigatoni al dente, sazonado con salsa de tomate, berenjena frita, queso ricotta rallado y unas hojas de albahaca.

De segundo, sardinas a becaficco, es decir, sin escama ni espinas, abiertas como un libro y enrolladas alrededor de un relleno de migas de pan, perejil, una pizca de queso pecorino rallado, piñones, pasas, pimienta, sal, aceite de oliva y unas gotas de zumo de naranja. Se colocan en una fuente de horno engrasada, alternando hojas de laurel y se ponen dentro del horno caliente durante unos veinte minutos. A mitad de la cocción, se pueden remojar con un poco de zumo de naranja natural (prohibidos los zumos industriales). No comerlas de inmediato, mejor esperar media hora, manteniendo la fuente tapada. Las variaciones de esta receta son tan numerosas como las familias sicilianas.

Como vino, un rosé puede ir bien.

Y de postre, helado de cassata.

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“Gatos. Conté trece…, lo tomé por un buen augurio porque siempre ha sido mi número de la suerte…”.

No soy supersticioso y siempre he pensado que si un gato negro se cruza en mi camino mientras conduzco, es él quien pone en peligro, no yo. Y no utilizo amuletos, aunque me gusta llevar en el bolsillo pequeñas piedras lisas que se encuentran en la playa y hacerlas girar de vez en cuando entre los dedos. El tacto es agradable y relajante y también lo es el ruido que hacen.

Lorenzo no es supersticioso. El comentario sobre el número 13 es una pequeña concesión. Él evita pasar por debajo de una escalera que está apoyada en un muro. Yo también lo hago: no es una verdadera superstición, es más autoironía; es lo que decía Benedetto Croce, “no creo, pero nunca se sabe”. Ahora que lo pienso, creo un poco en el Attasso, una palabra palermitana que se refiere a la capacidad de traer mala suerte. Procede de tejo, un árbol que si se encuentra dentro de un estanque es capaz de envenenarlo y hacer morir a los organismos que lo pueblan.

Al final, y a pesar de mi declaración inicial, he de admitir que soy más supersticioso de lo que pensaba.

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“Fuera habían cambiado los colores. El siroco traía un largo, larguísimo cielo gris y una luz lívida que me pegaba a las suelas una sombra pálida, casi invisible…”.

El scirocco es un viento cálido que sopla periódicamente en la ciudad. Puede soplar incluso en enero. Recuerdo un scirocco de 40ºC a la sombra un día de Año Nuevo hace muchos años, y recuerdo haberme bañado en el mar. Pocos días después, nevó en Palermo. Hay pocos fenómenos más raros que el scirocco. El scirocco obedece a la “regla de los 3 días”. Se dice que dura tres días, como algunas fiebres y como tantos otros eventos cíclicos. Pero es una leyenda, el scirocco puede durar varios días más, o sólo uno, pero inolvidable. Bajo el scirocco cambia el color de las montañas y el de las piedras de los edificios antiguos, cambia la mente de las personas. Con el scirocco, mis conciudadanos pueden cometer actos irreflexivos. Los árabes eran conscientes de esto y por ello, en los edificios de la ciudad, al menos en los de las personas más pudientes, se disponía una “habitación del scirocco” en la que refugiarse. Era una estancia protegida, diseñada para mantenerse fresca. Algunas todavía existen.

Yo adoro el scirocco, siempre y cuando sea seco, con una humedad de alrededor del 20%. Me regenera, me da nueva energía, me hace pensar mejor. Pero no debo decirlo porque me arriesgo a sufrir represalias. Cuando es húmedo, resulta insoportable, y acaba reducido a una llovizna mezclada en la arena roja del Sahara. Y ocurre, sistemáticamente, al día siguiente de que haber lavado el coche.

Para mí, el scirocco es una experiencia del espíritu, casi una condición existencial.

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“Nunca hay que ser demasiados exactos con las citas. Es señal de mal carácter…”.

Dios ha muerto, Marx ha muerto y yo no me siento muy bien (de Woody Allen).

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