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Mátame. Por Javier Manzano


 

Texto publicado originalmente en el número #02 de la edición impresa de Fiat Lux (diciembre 2013) y que recuperamos del archivo a modo de aguinaldo (Black & Noir) navideño.

¡Suerte para el 17!

 

Mátame.

Por Javier Manzano.

 

Te sugiero que lo hagas rápido. No aquí te pillo aquí te mato, sino rápido. Lo suficientemente resuelto como para que no dé tiempo a jugar unos lances en un macabro Scrabble y cambiando sólo una vocal y una consonante cambiar un destino. Rápido pero no deprisa deprisa. Rápido pero no impetuoso ni precipitado ni atropellado, sí fulminante y diligente, y sobre todo febril.

Te diría que no me preguntes por qué pero sería perder el tiempo, y, como hemos quedado en que sea rápido y lo vas a preguntar igual y hasta con más ahínco, te lo digo y punto. ¿Por qué? Ni puta idea. No es que me vaya a poner a zarandear evasivas o que no quiera responder. Ni mucho menos. Es que simple y sinceramente no tengo ni puta idea de por qué. Dicho de otro modo: porque sí, y punto. Quizás de esta forma suene más borde así que probemos mezclando el “ni puta idea” y el “porque sí”, y quedaría “ni puta sí” o “porque idea”, un par de gilipolleces sin sentido pero que, eso sí, nos ha servido para entretenernos un ratito. Sí sí, ya sé que dijimos que rápido pero, joder, estamos hablando de lo que estamos hablando y eso, tú bien sabes, tiene vida propia y te pone a maquinar requiebros para robarle tiempo al tiempo, como por ejemplo acaba de pasar ahora. Rengloncillos de escaqueo que amenazan con volver al menor descuido, por mucho que, como yo sé y a ti no te queda otra, no les servirá de nada porque la decisión está tomada y no hay marcha atrás. Mejor será entonces dejar el por qué y pasar al cómo, al cuándo y al dónde. Y hacerlo rapidito que no tengo toda la columna y ya nos hemos papeado casi la mitad.

Hemos quedado entonces en que el por qué es porque me sale de los cojones, y tú ni mu. Sigamos. No hablamos del cómo porque el cómo va a ser lo único que te deje decidir a ti. Bueno, más o menos, porque sí quiero hacerte alguna sugerencia. Hazlo, ya te dije, rápido, y hazlo, esto es importante, sin piedad, sin compasión, sin miramiento… Y hazlo, si me haces el favor, sin recrearte porque matar lentamente, como ya me ha pasado otras veces, es muy jodido, y porque, además, corres el riesgo, extremo y severo, de que se me crucen los cables según me vaya llegando el oleaje de la agonía y me ponga a echar el Intelect del que ya te hable y cambiando sólo una vocal y una consonante cambie el destino, el mío pero sobre todo el tuyo. Vamos, que casi estás obligado a hacerlo como te estoy sugiriendo, aunque… fíjate que no me importa, si cumples estas instrucciones, que busques patrones de inspiración en Augusto Ledesma, Isidro Freire, Mathias Lund-Helgesen, o el mismísimo Nick Corey, por citar a cuatro de los centenares de jinetes del apocalipsis que tanto y tan bien nos han enseñado en miles de libros… Porque ya tú sabes aquello que tanto y tanto nos cantaban de que “todo está en los libros”…, vamos, que hasta te diría que para eso los escriben y para eso los devoramos: para aprender o casi mejor para perfeccionar, porque como ya te conté hace unos meses: somos criminales, ¡todos!

¿Dónde? Menuda mierda de pregunta, ¿no? Me apuesto la vida, apuesta ful por sarcástica, a que en lo que nos trasegamos un par de tercios y nos inyectamos unos trujas llenaríamos folio y pico, por lo menos, con sitios, lugares, emplazamientos, parajes, recintos y territorios que según los ves dices: “¡coño, ideal para perpetrar un asesinato!”. No quiero tugurios, ni arrabales, ni suburbios ni cañadas… No quiero callejones, ni sótanos, ni retretes ni camastros… No quiero bazofia a mí alrededor, ni decrepitud en todo el perímetro que marque el alcance de mi vaho… No quiero en mi casa ni en la tuya, ni en un hotel, ni motel, ni pensión, ni albergue…

No quiero que tengas que desplazarte mucho porque la verdad es que no me sale de los huevos tener que andar moviéndome más allá de un radio de 200 km, ¡como mucho! Reconozco que no te lo pongo fácil, pero es lo que hay, y lo que más te conviene (no se te olvide) es tragar con lo que hay… En todo caso, tranquilo, calma…: esto que acabamos de hacer ahora mismo, yo dictando y tú asintiendo y cavilando, vuelven a ser rengloncillos de escaqueo, de esos de los de robar tiempo al tiempo. Pero ¡ya!, ni uno más, así que al tajo. ¿Dónde? ¿Dónde? ¿Dónde?

El cuándo, mira tú, sí que te lo voy a tatuar clarito con tipografía de cuerpo 72 en la parte interior de tus párpados: el 24. Ese día y no otro, y ojo con despistarse, porque es la fecha que más me toca los huevos y la fecha que teñida de sangre más toca los cojones. Una fecha que desde que fue parida, fue secuestrada, y que desde entonces pide a gritos que le revienten a hostias el inmenso barrigón atestado de falsedades teñidas de colorao.

Bueno… compinche, cómplice, verdugo y reo…, ya tienes el prospecto, con todas las contraindicaciones y efectos secundarios, así que ponte a ello. Y rápido, ya sabes. Yo entre tanto, o sea entre casi nada y nada, contactaré con Ramiro Sancho, Harry Hole, Leo Caldas…, y hasta con el habanero Mario Conde, el bajopirenaico Jean-Baptiste Adamsberg, el uruguayo-hispano Rubén Bevilacqua, o el dios y tótem planetario Pepe Carvalho, para que se vayan preparando para cazar a tu asesino.

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